sábado, 17 de abril de 2010

Bitácora

Me lees en tu esencia
el código del mundo
la libertad del que abandonó la nave
y flota en el líquido amniótico del universo.

En tu perplejidad me cuentas lo elemental
y entro en el remanso que contiene todo
la bondad de lo que no tiene propósito
y entro en tus fuerzas vertiginosas
hasta donde no cabe el miedo.

El amor es un diario eterno
la constancia de nuestras navegaciones
esa sutil búsqueda detrás del espejo
donde encontramos la clave del deseo
la extinción y el renacer: el feliz ritmo de todo.

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